Mis emociones, mis aliadas

Escrito por María Sarasa – Psicóloga sanitaria

Consejos prácticos para una buena gestión emocional.

Cuando nos encontramos ante una dificultad a nivel emocional, un dolor intenso que dura en el tiempo, es fácil pensar que lo que está mal en mí y hay que quitar es ese dolor, las emociones desagradables, y hasta que no se vayan no estaré “recuperado”.

Igual que cuando se nos estropea el ordenador, lo llevamos a la tienda a que lo formateen, nos quiten los virus, nos pongan un buen antivirus que nos proteja bien y para casa, y si está muy fastidiado y nos cuesta mucho la reparación, simplemente lo tiramos y nos compramos uno nuevo. Es decir, quitamos y ponemos según lo que necesitamos y solucionado. Esta manera de funcionar, muy útil para algunas cosas, no lo es para nuestras emociones, no lo es para nuestro dolor. Sigue leyendo

La trampa de Barba Azul

Escrito por Aurelia Mailat – Trabajadora social

Los seres humanos no somos conscientes del poder que tenemos, nos pasamos la vida analizando, interpretando, planificando, anticipando… todo lo que esté en nuestras manos para no sentir, lo haremos.

Vivimos anestesiados, somos capaces de ver las noticias y seguir comiendo, de pasear mirando sin ver, de seguir buscando alternativas que apaguen nuestro dolor, lo repriman y lo congelen, todo para no sentir.

Aquí os traigo un trocito de “mi sentir” comenzaré narrando el cuento de barba a azul a mi manera y de forma resumida (si os aparece conocer la historia más en profundidad os recomiendo “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola) es un cuento que nos traslada a lo que nos ocurre a todas y todos, todos somos presas de nuestras trampas mentales, ataduras que nos hacen caer en experiencias, en hoyos, en agujeros, en la oscuridad.

Me sorprende ver como todos nos culpamos por caer en esas trampas, nos culpamos por pasar tiempo en el dolor, por vernos limitados, por sentir que no valemos, que no somos funcionales y que incluso nuestra vida no tiene sentido, cuando el dolor llega todo se inunda y se contagia ¿y qué hacemos? Culparnos, echarle más dolor al dolor, y todo porque nadie nos ha enseñado a sufrir y a poder autgestionarnos esa herida que duele y desgarra.

¿Pensáis que el dolor se calma con rechazo, odio, miedo y culpa? No parece muy lógico, pero es un sistema aprendido en esta sociedad, se supone que cada uno se tiene que hacer cargo de su dolor, si sientes dolor come, si sientes dolor fuma, medita, haz yoga, deja el trabajo, deja a tu pareja, aléjate de tu familia… el único recurso somos nosotros mismos, pero la mente puede decirte que hagas que hagas y que hagas… de nuevo hacer para no sentir, ¿y si empezamos por dejar de hacer?

El cuento del que voy a hablar y el que pretendo llevar a nuestra generación, a nuestro aquí y ahora, es algo parecido a lo contado, nuestros protagonistas se van a ver embaucados en miles de trampas mentales, donde la intuición, el olfato, en sentir y la escucha de nuestros antepasados se quedan totalmente fuera de los recursos que puedan tener.

Ahí va:

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Los orígenes del apego y el cuidado

Escrito por Claudia García Martínez – Psicóloga sanitaria

Es posible que a estas alturas más de una y de uno en AFDA nos haya ya escuchado hablar de compasión o de autocuidado. Son términos que están en auge y no en vano, pues están convirtiéndose en potentes herramientas terapéuticas. Los avances en neurociencia y psicología nos permiten comenzar a mapear en el entramado de nuestro cerebro las autovías neuronales por las que discurren nuestros instintos de supervivencia, preservación, y también de apego hacia los demás.

El psicólogo Paul Gilbert (2009) identifica que las personas tenemos al menos tres sistemas de regulación emocional importantes. El primero, relacionado con el sistema de amenaza, hace saltar la alarma cuando hay algún peligro en el ambiente (o anticipamos que lo pueda haber). El segundo sistema, el del logro, nos permite dirigirnos hacia metas tanto diarias como a largo plazo, obteniendo esa sensación de satisfacción cuando conseguimos realizar las tareas que teníamos programadas. Ambos sistemas son de extremada importancia porque, en el sentido más primitivo, nos permiten mantenernos con vida. Sin embargo, en mamíferos existe un tercer sistema, más moderno a nivel evolutivo (tan sólo 80 millones de años) que explica mucho sobre nuestra naturaleza: el sistema de calma y cuidado.

naturaleza leon

¿Quién no ha visto algún documental de La 2? Pensemos en una leona con sus cachorros, un grupo de chimpancés, una manada de lobos ibéricos o cualquier otra especie gregaria. Todas ellas tienen increíbles instintos de supervivencia y proveen con uñas y dientes tanto el alimento como la protección  a la prole cada vez que se hace necesario. Pero ¿qué sucede cuando ya están alimentados y no hay depredadores o enemigos merodeando? Que comienza el reposo y el juego.

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¿Por qué no disfruto de las cosas como antes?

Escrito por Andrea Lafuente – Psicóloga sanitaria

Todo el mundo siente dolor. Las personas, como cualquier ser vivo, estamos expuestas a situaciones que implican malestar (eventos dolorosos, cambios vitales, duelos) que hacen que puedan aparecer determinadas reacciones emocionales que consideramos desagradables tales como la tristeza o la ansiedad. Todo ser humano, en algún momento, ha sentido tristeza, culpa, vergüenza, ansiedad, miedo.  En ocasiones, estas reacciones emocionales resultan tan desagradables que nuestra mente nos convence de que son catastróficas, insostenibles y que tenemos que controlarlas, resolverlas o cambiarlas para poder vivir felizmente. Es decir, le otorgamos una función aversiva ya que tener dolor es sinónimo de enfermedad y, por tanto, tendemos a evitarlas. Estos principios, orientados al cambio y el control de los eventos privados para poder tener una vida feliz, no serían problemáticos si el comportamiento resultante no produjera limitaciones en la vida. Sin embargo, la necesidad de resolver el malestar, o la de obtener placer como condición para vivir, nos empuja a actuar de una forma que, en contra de lo esperado, no nos deja vivir, ya que paradójicamente fortalece y extiende el malestar y la necesidad de implementar más recursos para resolverlo.

Como se ha mencionado, ante los eventos dolorosos de la vida pueden desencadenarse experiencias internas desagradables, las personas tendemos a buscar estrategias que minimicen esos sentimientos/pensamientos/emociones; sin embargo, se produce un efecto rebote, ya que el malestar aumenta.

Si ponemos como ejemplo una persona que acaba de perder su puesto de trabajo, el cual valoraba mucho, es natural que en ese momento se sienta triste, que no tenga ganas de hacer nada, que quiera dormir todo el día o pierda el apetito. Esta vivenciando un proceso de dolor natural, pero ¿cuándo se convierte en un problema? Cuando esta persona reduce sus salidas a favor de descansar y recuperar energía y limita sus interacciones con personas significativas para no sentirse mal o evitar que le pregunten qué le pasa a la espera de volver a notar cierto nivel de motivación o entusiasmo: “hoy no voy a quedar con mis amigxs, cuando esté mejor iré”, “voy a aplazar la comida familiar, no quiero que me vean así”, “seguiré formándome, porque para mí es importante ser una buena profesional, cuando me encuentre bien”. Si esta persona se siente deprimida, considera que no debería sentirse así y centra sus recursos atencionales y sus energías en la necesidad de controlar el malestar o a la espera de tener ciertos sentimientos positivos para ponerse en marcha, seguramente tras apartarse de estos aspectos importantes de su vida se sentirá culpable, sentirá rabia y se seguirá sintiendo tanto o más deprimida.

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¿Qué es la creatividad?

Escrito por Samara Sáez Martínez – Psicóloga sanitaria

Existen innumerables definiciones para este concepto. Se puede entender como una forma de cambio; la creación de posibilidades; la capacidad de combinar conocimientos; o un ejercicio de libertad humano. La persona creativa es aquella que a partir de un conjunto de estímulos ve lo que antes no había visto, o lo que nadie había visto antes.

El falso mito que la envuelve

Tendemos a definirnos a nosotros mismos como personas poco creativas, considerándolo como una característica prácticamente inamovible, que forma parte de lo que somos y que, por tanto, no podemos cambiar.  Al contrario de lo que la mayoría pensábamos hasta la fecha, la creatividad no es como el color de ojos, asignado genéticamente y sin posibilidad de modificación; sino que se trata de algo que se puede entrenar y desarrollar.

Con talento creativo no se nace, paulatinamente lo vamos elaborando y, por tanto, sus manifestaciones precisan de un previo aprendizaje. Un aprendizaje con el que no estamos especialmente familiarizados ya que, hasta hace pocos años, no se le ha dado la importancia que tiene. De niños nos encanta colorear, sin embargo la mayoría de cuadernillos creados para este fin tienen en el lado izquierdo la imagen real, la que debemos replicar; nos animan a explicar nuestro fin de semana  pero no a inventar el del “Ratón Pérez”, y como estos ejemplos, un largo etcétera.

Por otro lado, tendemos a definir a la persona creativa como aquella que recibe reconocimiento (generalmente público) por sus magníficas creaciones del tipo que sea (un relato, un cuadro, un guion de cine)… pero lo realmente importante no es que se asocie nuestro nombre a todas estas cosas, sino que hayamos vivido una experiencia plena y creativa desarrollando nuestros objetivos.

¿Para qué sirve la creatividad?

El concepto de creatividad está asociado a múltiples nociones de nuestro día a día. ¿Quién no quiere desplegar todo el potencial que tiene de manera óptima? Es un buen antídoto para hacer de experiencias cotidianas algo más gratificante además de permitirnos ser más conscientes de lo que estamos realizando.

Se trata de una manera de elaborar herramientas que nos permitan ampliar nuestro abanico de solución de problemas y aporta flexibilidad a nuestro pensamiento.

En nuestra rutina hemos formado un conjunto de reglas y prácticas que definen nuestra manera de trabajar, de relacionarnos socialmente e incluso de vestirnos. Elegir sin el piloto automático nuestras opciones y poseer apertura a las nuevas posibilidades, también es algo que podemos conseguir con el entrenamiento en creatividad.

Por otro lado, tendemos a pensar que cuando estamos bloqueados practicar la creatividad nos frustrará todavía más y nos hará sentir peor. Nada más lejos de la realidad, ya que una de las características terapéuticas fundamentales que tiene esta habilidad es la de facilitar nuestra expresión emocional.

En resumen, la creatividad nos ayuda a:

  • Ser más conscientes
  • Practicar el abandono del piloto automático
  • Mejorar nuestra capacidad para resolver problemas
  • Potenciar la apertura a nuevas posibilidades y opciones
  • Disfrutar más plenamente de las experiencias cotidianas
  • Expresarnos emocionalmente y aumentar nuestro autoconocimiento a este nivel
  • Activarnos cognitiva y conductualmente
  • Acrecentar la constancia y capacidad de trabajo
  • Desarrollar la implicación en actividades que nos resulten gratificantes

¿Cómo la trabajamos?

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