¿Qué nos aporta mindfulness?

Escrito por Andrea Mayren Azón – Psicóloga clínica y profesora de Yoga y Mindfulness

Pese a estar cada vez más familiarizados con los anglicismos presentes en nuestra cotidianidad, mindfulness sigue siendo una palabra desconocida para la mayoría aunque su práctica sea cada vez más compartida. La razón de no traducir la palabra al español es la dificultad de encontrar un sólo término que describa todo aquello a lo que se refiere mindfulness. Igual que ocurre con el yoga, en el que de forma inmediata es asociado sólo a una de sus múltiples vías, el hatha yoga de posturas físicas, podría correrse el peligro de traducir mindfulness como atención plena o consciencia del momento presente.

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Diferencias entre mindfulness desde la psicología y desde la tradición budista

Escrito por Andrea Mayren Azón – Psicóloga clínica y profesora de Yoga y Mindfulness

Desde la Psicología, mindfulness se consolida en 1979 de la mano del profesor emérito de medicina Jon Kabat-Zinn en el mundo de las psicoterapias occidentales, dando lugar a una técnica que complemente a otro tipo de terapias en el tratamiento de enfermedades y trastornos, sobre todo los relacionados con ansiedad y depresión, con el nombre de meditación insight. Para potenciar su difusión y efectividad, mindfulness no está vinculado a ningún tipo de religión, filosofía o vertiente espiritual, difiriendo así de la meditación vipassana con origen en el budismo.

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Determinantes sociales en la salud anímica

Escrito por Javier Mediel – Trabajador social y coordinador de AFDA

Nuestra salud anímica está influida por multiplicidad de factores contextuales y sociales que determinan nuestra forma de pensar, enmarcada en un contexto histórico y socio económico. Y nuestra forma de actuar marcada por múltiples condicionantes y determinantes sociales.

Los determinantes sociales de la salud son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen –definición de la OMS-. Esas circunstancias son el resultado de las interacciones entre la persona, la comunidad y el sistema socioeconómico.

La salud de la población está directamente relacionada con las realidades que la circunscriben, como ya apuntaban Lambroise y posteriormente Lalonde: desde la biología humana, el medio ambiente, los hábitos de vida y la organización de los sistemas de salud.

La educación, empleo, la equidad de género, el entorno ambiental y social, los servicios públicos, la urbanización, la alimentación, la cultura, los estilos de vida, en cada situación, sea individual o colectiva, local o estatal, nacional e, incluso, mundial, son determinantes que exceden la atención sanitaria, tanto en el plano institucional, como en la práctica médica.

Desde este enfoque, se asume que el impacto de los determinantes en la vida de las personas posee más importancia para el mantenimiento y la mejora de la salud y de la salud anímica, que los servicios a los que acceden cuando se enferman.

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* Esquema ilustrativo de determinantes sociales

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Atacar la depresión desde la nevera

La dieta occidental rica en carbohidratos refinados, fritos, alcohol, y productos azucarados se ha asociado a mayores índices de ansiedad y depresión

Aunque cada vez exista una mayor conciencia social de la importancia de una alimentación saludable, no es lo más habitual que se tengan en cuenta las comidas diarias cuando se habla de salud mental. Pero la realidad es que uno de los grandes problemas en salud mental de nuestra sociedad es la depresión. De hecho en España, según los últimos datos aportados por la OMS, el 5,2% de la población sufre de esta enfermedad, lo que supone un total de más de dos millones de españoles. Desde la capacidad que tiene la nutrición para evitar este problema, se ha demostrado mediante estudios que en sólo diez días la dieta mediterránea mejoraba la sensación de felicidad, lucidez, cognición y memoria, y reducía la sensación de turbación y desconcierto. Por el contrario, la dieta occidental rica en carbohidratos refinados, fritos, alcohol y productos azucarados se ha asociado a mayores índices de ansiedad y depresión. Esto es debido, según Carlos Fernández, director médico del Grupo NC Salud, «a que no se aportan aquellos nutrientes como vitaminas, minerales, antioxidantes o fibra que han demostrado contribuir al normal funcionamiento del sistema nervioso y al bienestar psicológico, por lo que aumenta el riesgo de padecer trastornos en este sentido».

Lo que comemos, explica Fernández, «no sólo depende de lo que nos demande nuestro organismo en cada momento, sino que además la elección de alimentos responde al estado emocional, nuestras motivaciones, etc. Se puede asegurar que, si se tiene dificultad para regular emociones negativas o se sufre estrés, es más probable que se aumente de peso al incrementar las calorías totales ingeridas cada día, así como sucumbir a los atracones». En este sentido, prosigue este experto, «debe fomentarse el equilibrio emocional, evitando canalizar las emociones negativas en la comida y asegurando ingestas cuyos objetivos sean meramente nutricionales, en cantidades adecuadas al gasto energético diario y las señales de saciedad que cada cuerpo origina».

A su juicio, las dietas son otra parte importante que afecta al estado de ánimo de las personas, y son dos los factores fundamentales: el deseo de ingerir aquellos alimentos que no están permitidos y la poca capacidad saciante de dietas muy restrictivas. «En el primer caso, la evidencia científica ha demostrado que las personas que evitan alimentos tienen, estadísticamente, más Índice de Masa Corporal (IMC) y más síntomas de depresión. Por lo tanto, cuando se lleva a cabo una dieta se debe tratar de mantener una relación saludable con determinados tipos de alimentos haciendo un consumo moderado de los mismos. De esta forma, se evita la sensación de prohibición y las posteriores posibles ingestas compulsivas».

En el segundo caso, puntualiza, «es importante que la dieta esté adaptada a las necesidades de cada persona y que contemple una restricción calórica sostenible en el tiempo. Un déficit calórico demasiado grande nos hará sentir hambrientos y fatigados. Además, la dieta debe incluir alimentos con elevada capacidad saciante: baja densidad calórica, alto volumen masticatorio y bajo índice glucémico. Por último, debe haber una correcta planificación de las comidas a lo largo del día ya que, por lo general, esto ayuda a gestionar mejor la sensación de apetito».

Los suplementos nutricionales como ayuda

Por todo esto es importante saber, concluye el director médico del Grupo NC Salud, que algunos suplementos nutricionales pueden ayudar en la relación equilibrio emocional-alimentación. «Si en situaciones en las que tenemos emociones negativas, bajo estado de ánimo, etc. nos sentimos empujados a utilizar la alimentación como elemento de confort que compense nuestras sensaciones negativas, los suplementos nutricionales pueden resultarnos de ayuda. Los activos ideales en estos casos son combinaciones de triptófano, vitamina B6, pasiflora y cromo», puntualiza Fernández. «El triptófano porque estimula la serotonina, neurotransmisor conocido popularmente como hormona de la felicidad. La vitamina B6 porque regula la función psicológica, favorece el equilibrio nervioso, y contribuye junto con el triptófano estimular la citada serotonina. Finalmente, el cromo actúa optimizando la glucemia e insulinemia, lo que conduce a una reducción en la sensación de apetito».

Correr con depresión: 30 millas de oscuridad al filo de un acantilado

Esta es la historia de un ultrafondista que conoce bien la relación entre sacrificio y tristeza.

 

“Trabajé muy duro para escalar tan rápido como pude”. Mientras vemos a Rob Krar ascender exhausto por un escarpado camino de tierra, su voz en off nos cuenta cómo combate la depresión.

La metáfora cobra fuerza gracias a las imágenes servidas por el mini-documental ‘Depressions: A Few Moments From 30 Miles in the Canyon’ (Depresiones: algunos instantes a lo largo de 30 millas en el Cañón), una pieza de 8 minutos que persigue al trail runner canadiense en su carrera a través de la garganta del río Colorado.

La cinta del cineasta Joel Wolpert, rodada hace tres años, abunda en la relación entre running y depresión: “Al final de las carreras acabo sumido en un lugar oscuro, y es una experiencia mágica para mí. Hay relación entre esa oscuridad de la línea de meta y la que siento con la depresión”, relata Krar.

La historia de este farmacéutico convertido en ultrafondista de éxito es a la vez un plan de acción contra el trastorno depresivo, la personificación del consenso clínico respecto a las bondades del ejercicio físico en el tratamiento de la salud mental.

Su explicación científica es que el deporte aumenta la concentración de serotonina –un neurotransmisor asociado a la sensación de felicidad–, por lo que el running le permite alcanzar de forma natural el mismo efecto de bienestar que lograría con antidepresivos.

Pero Rob Krar no huye de sus fantasmas, al contrario: “Durante mucho tiempo negué que sufriera depresión y me enfadaba cuando caía en episodios depresivos. Una parte de mí decía: estás bien, saca tu culo de la cama. Pero no lo estaba. Así que el gran reto fue aceptarlo, reconocer que me estaba metiendo en un agujero y afrontarlo”.

Lo afrontó dialogando consigo mismo, dándole carrete a los pensamientos incómodos que surgen, por ejemplo, en carreras de larga distancia. Fue entonces cuando encontró la relación.

“Mucha gente me dice que tengo que pelear o ignorar el dolor. Yo no lo veo así. Cuando estoy terminando una carrera, apurado, con el cuerpo roto y la mente diciéndome que pare yo abrazo ese dolor. Lo abrazo física y mentalmente”.

Por aclarar la metáfora, Rob Krar no pretende abrazar la depresión como si de una gesta atlética se tratara. En realidad lo que nos está diciendo es que afrontemos el dolor para dejarlo atrás con el mejor resultado posible.

Fuente:  http://www.playgroundmag.net/food/Correr-depresion-millas-oscuridad-acantilado_0_2026597331.html