PERSONAS TÓXICAS Y VAMPIROS EMOCIONALES: Manual de supervivencia

Escrito por Luis Cortés – Psicólogo Sanitario y Coordinador sanitario de AFDA

¿Tienes que tratar con personas tóxicas en tu entorno cercano?, ¿Sufres en tus carnes el aguijonazo de sus continuas agresiones hacia tu persona? ¿Tu preciada energía vital es devorada por peligrosos vampiros emocionales? En este artículo repasaremos algunos aspectos de su particular biología para que; a través del conocimiento puedas defenderte eficazmente de ellos.

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Mis emociones, mis aliadas

Escrito por María Sarasa – Psicóloga sanitaria

Consejos prácticos para una buena gestión emocional.

Cuando nos encontramos ante una dificultad a nivel emocional, un dolor intenso que dura en el tiempo, es fácil pensar que lo que está mal en mí y hay que quitar es ese dolor, las emociones desagradables, y hasta que no se vayan no estaré “recuperado”.

Igual que cuando se nos estropea el ordenador, lo llevamos a la tienda a que lo formateen, nos quiten los virus, nos pongan un buen antivirus que nos proteja bien y para casa, y si está muy fastidiado y nos cuesta mucho la reparación, simplemente lo tiramos y nos compramos uno nuevo. Es decir, quitamos y ponemos según lo que necesitamos y solucionado. Esta manera de funcionar, muy útil para algunas cosas, no lo es para nuestras emociones, no lo es para nuestro dolor. Sigue leyendo

Vacaciones exigentes

Escrito por Sara Sil Lambán – Psicóloga sanitaria

Hace algunos días recibí por parte de una persona cercana uno de esos mensajes bienintencionados que me hicieron pensar en lo instauradas que están en nuestra sociedad ciertas ideas encaminadas a mejorar nuestras vidas…

Llega el verano, las ansiadas vacaciones y de su mano llega la exigencia. Exigencia por estar bien durante ese periodo tan esperado, ya que, vacaciones y “estar mal” no tiene cabida para la gran parte de las personas. Parece que es una época que está hecha para que seamos felices.

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Los orígenes del apego y el cuidado

Escrito por Claudia García Martínez – Psicóloga sanitaria

Es posible que a estas alturas más de una y de uno en AFDA nos haya ya escuchado hablar de compasión o de autocuidado. Son términos que están en auge y no en vano, pues están convirtiéndose en potentes herramientas terapéuticas. Los avances en neurociencia y psicología nos permiten comenzar a mapear en el entramado de nuestro cerebro las autovías neuronales por las que discurren nuestros instintos de supervivencia, preservación, y también de apego hacia los demás.

El psicólogo Paul Gilbert (2009) identifica que las personas tenemos al menos tres sistemas de regulación emocional importantes. El primero, relacionado con el sistema de amenaza, hace saltar la alarma cuando hay algún peligro en el ambiente (o anticipamos que lo pueda haber). El segundo sistema, el del logro, nos permite dirigirnos hacia metas tanto diarias como a largo plazo, obteniendo esa sensación de satisfacción cuando conseguimos realizar las tareas que teníamos programadas. Ambos sistemas son de extremada importancia porque, en el sentido más primitivo, nos permiten mantenernos con vida. Sin embargo, en mamíferos existe un tercer sistema, más moderno a nivel evolutivo (tan sólo 80 millones de años) que explica mucho sobre nuestra naturaleza: el sistema de calma y cuidado.

naturaleza leon

¿Quién no ha visto algún documental de La 2? Pensemos en una leona con sus cachorros, un grupo de chimpancés, una manada de lobos ibéricos o cualquier otra especie gregaria. Todas ellas tienen increíbles instintos de supervivencia y proveen con uñas y dientes tanto el alimento como la protección  a la prole cada vez que se hace necesario. Pero ¿qué sucede cuando ya están alimentados y no hay depredadores o enemigos merodeando? Que comienza el reposo y el juego.

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¿Por qué no disfruto de las cosas como antes?

Escrito por Andrea Lafuente – Psicóloga sanitaria

Todo el mundo siente dolor. Las personas, como cualquier ser vivo, estamos expuestas a situaciones que implican malestar (eventos dolorosos, cambios vitales, duelos) que hacen que puedan aparecer determinadas reacciones emocionales que consideramos desagradables tales como la tristeza o la ansiedad. Todo ser humano, en algún momento, ha sentido tristeza, culpa, vergüenza, ansiedad, miedo.  En ocasiones, estas reacciones emocionales resultan tan desagradables que nuestra mente nos convence de que son catastróficas, insostenibles y que tenemos que controlarlas, resolverlas o cambiarlas para poder vivir felizmente. Es decir, le otorgamos una función aversiva ya que tener dolor es sinónimo de enfermedad y, por tanto, tendemos a evitarlas. Estos principios, orientados al cambio y el control de los eventos privados para poder tener una vida feliz, no serían problemáticos si el comportamiento resultante no produjera limitaciones en la vida. Sin embargo, la necesidad de resolver el malestar, o la de obtener placer como condición para vivir, nos empuja a actuar de una forma que, en contra de lo esperado, no nos deja vivir, ya que paradójicamente fortalece y extiende el malestar y la necesidad de implementar más recursos para resolverlo.

Como se ha mencionado, ante los eventos dolorosos de la vida pueden desencadenarse experiencias internas desagradables, las personas tendemos a buscar estrategias que minimicen esos sentimientos/pensamientos/emociones; sin embargo, se produce un efecto rebote, ya que el malestar aumenta.

Si ponemos como ejemplo una persona que acaba de perder su puesto de trabajo, el cual valoraba mucho, es natural que en ese momento se sienta triste, que no tenga ganas de hacer nada, que quiera dormir todo el día o pierda el apetito. Esta vivenciando un proceso de dolor natural, pero ¿cuándo se convierte en un problema? Cuando esta persona reduce sus salidas a favor de descansar y recuperar energía y limita sus interacciones con personas significativas para no sentirse mal o evitar que le pregunten qué le pasa a la espera de volver a notar cierto nivel de motivación o entusiasmo: “hoy no voy a quedar con mis amigxs, cuando esté mejor iré”, “voy a aplazar la comida familiar, no quiero que me vean así”, “seguiré formándome, porque para mí es importante ser una buena profesional, cuando me encuentre bien”. Si esta persona se siente deprimida, considera que no debería sentirse así y centra sus recursos atencionales y sus energías en la necesidad de controlar el malestar o a la espera de tener ciertos sentimientos positivos para ponerse en marcha, seguramente tras apartarse de estos aspectos importantes de su vida se sentirá culpable, sentirá rabia y se seguirá sintiendo tanto o más deprimida.

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