¿Por qué me preocupo?

Escrito por Francisco Vinués – Psicólogo sanitario

Tantas ocasiones en las que hemos querido detener el bucle de la cabeza, tener un interruptor que apagara la preocupación de nuestra mente sin ningún resultado. Nuestro cerebro parece coger un problema y no querer soltarlo, lo analiza hasta el hastío, hasta que pierde el sentido y llega al absurdo, pero no se detiene, sigue o, en el mejor de los casos, decide saltar a otro problema distinto siguiendo el mismo proceso.

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Las sensaciones físicas de la ansiedad

Escrito por Francisco Vinués – Psicólogo sanitario

Una de las mejores formas de comprender qué es la ansiedad y las sensaciones físicas que provoca es entender cómo funciona y qué mecanismos hay implicados y para ello nos vamos a remontar a hace 10.000 años. Hagamos este breve ejercicio de imaginación: hace 10.000 años vas caminando por la sabana africana rumbo a los menesteres habituales de toda persona en aquella época (Cazar, pintar, recolectar…), te rodean arbustos y algunos árboles solitarios, pero sobre todo extensos pastizales de tono ocre que cubren toda la sabana. Por estos tranquilos pastizales es por dónde caminas, el aire mueve la hierba alta y la mece de un lado a otro pero hay algunas hierbas cerca de ti que se mueven de otra forma, se inclinan en nuestra dirección como si avanzaran… ¡Es una leona!

¡Rápido! ¡¿Qué haces?! ¡O haces algo o te come!

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La trampa del control

Escrito por Samara Sáez – Psicóloga Sanitaria

Es bien sabido que para los seres humanos la incertidumbre es algo incómodo. Quizá sea porque activa nuestro estado de alerta (con el que muchas veces no nos relacionamos bien) o quizá porque nos hace sentir menos útiles; el caso es que tenemos una gran “tentación” de controlar todo lo que (nos) sucede y esto, puede pasarnos factura.

Algunas de las consecuencias que podemos llegar a experimentar son: insatisfacción, agotamiento, pérdida de motivación, baja gestión de impulsos e, incluso, una espiral de inactividad.

Seguramente, alguna vez has ejercido control con todas tus fuerzas. Quizá en una entrevista de trabajo, en un examen o en la celebración de un evento familiar. Pones todos tus esfuerzos mentales y físicos en cumplir tus altas expectativas antes y durante el desarrollo de la situación, buscando que todo salga “perfecto”. Sin embargo, a posteriori, sientes que no ha ido tan bien como podría, como esperabas, que no has aprovechado lo suficiente, podrías haber escuchado más, haber dado más, o haber respondido esto o aquello… ¿Por qué? te preguntas. A lo que yo te respondo ¿verdaderamente “has estado allí” o estabas atrapdx en tu discurso mental?, ¿has estado en tu presente o en hacer caso a lo que tu pensamiento decía que debías hacer?

Comenzamos controlando para evitar el sufrimiento (propio o ajeno) y termina convirtiéndose en sufrimiento en sí mismo. Ya no solo es que no disfrutes, es que además si algo se sale de lo establecido el malestar se multiplica.

Trabajar sobre la flexibilización, sobre nuestra apertura a la experiencia, es una herramienta importante para adaptarnos mejor a lo que nos sucede. Sentir que no me “obligo/obligan” a hacer esto o aquello por las posibles consecuencias futuras, sino que elijo hacerlo porque es importante para mí, nos hace sentir más libres y satisfechos.

¿Cómo empiezo a hacer esto? Quizá no sea la primera pregunta que debo hacerme, sino ¿a qué temo exactamente?. Seguido a esto pregúntate: ¿estoy tolerando verdaderamente el miedo como parte de mí? ¿o estoy luchando contra él?. Recuerda que esta emoción es básica y necesaria, nos ayuda a estar atentos a lo que sucede, para poder dar una respuesta que garantice nuestra supervivencia.

Una vez hecho consciente todo esto es el momento de actuar, con miedo por supuesto, que será nuestro mejor aliado. Actúa eligiendo en función de lo que quieres y necesitas y mantén siempre cerca la pregunta de ¿para qué?. Esto dejará en un segundo plano la necesidad de control. Y verás cómo, dentro de un año recordarás lo que hiciste hoy, no lo que tus pensamientos te decían que iba a suceder.

Cuídate cuando tu mente menos te lo pida, será cuando más lo necesites

Andrea Llera – Psicóloga sanitaria

Cuando atravesamos procesos emocionales difíciles, a menudo observamos como la tendencia es a abandonar nuestro propio cuidado. Nos desvinculamos de aquellas cosas o personas que nos hacían sentir bien, llevamos a cabo rutinas que pueden ser perjudiciales para nuestra salud, prestamos menos atención a nuestro aspecto… en definitiva, parece que es precisamente cuando más lo necesitamos cuando menos nos atendemos.

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Bienestar a través del autocuidado

Escrito por Samara Sáez -Psicóloga sanitaria

¿Qué tal verías que tu médicx de cabecera te atendiese después de llevar cuarenta  horas trabajando sin descanso?, y si quien se encarga de proporcionarte alimentos se durmiese encima de ellos cuando vas a pagarle; ¿qué te parecería ir al psicólogx y que sus nervios estuviesen más a flor de piel que los tuyos?

¿Crees que las personas se merecen descansar?

¿Y tú?

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