Mis emociones, mis aliadas

Escrito por María Sarasa – Psicóloga sanitaria

Consejos prácticos para una buena gestión emocional.

Cuando nos encontramos ante una dificultad a nivel emocional, un dolor intenso que dura en el tiempo, es fácil pensar que lo que está mal en mí y hay que quitar es ese dolor, las emociones desagradables, y hasta que no se vayan no estaré “recuperado”.

Igual que cuando se nos estropea el ordenador, lo llevamos a la tienda a que lo formateen, nos quiten los virus, nos pongan un buen antivirus que nos proteja bien y para casa, y si está muy fastidiado y nos cuesta mucho la reparación, simplemente lo tiramos y nos compramos uno nuevo. Es decir, quitamos y ponemos según lo que necesitamos y solucionado. Esta manera de funcionar, muy útil para algunas cosas, no lo es para nuestras emociones, no lo es para nuestro dolor.

La idea no es suprimir ciertas emociones (tarea por otro lado imposible), sino integrarlas y observar lo que muestran. Son una brújula imprescindible para nuestra vida. Y aunque a veces puedan sentirse como limitantes, son parte imprescindible de la vida y podemos aprender de ellas porque puede que nos estén dando información de aspectos importantes para nosotros, de hábitos perjudiciales… Necesitamos prestarles atención y cuidado para darnos lo que necesitamos y vivir bajo nuestra voluntad, sin sentirnos presos de ellas.

A continuación, presentamos los aspectos necesarios para una buena gestión emocional. Debemos atender no solo a los diferentes pasos sino también a su orden. Ya que si no tenemos en cuenta los primeros no se podrán dar los pasos siguientes:

  1. Apertura emocional

Si estoy abierto, de igual manera que las cosas vienen podrán irse. Por otro lado, si me cierro a sentir, voy a aumentar tensión, el malestar, la vigilancia… ocasionando que lo que no quiero sentir se multiplique o salga de otra manera más perjudicial. Si no me abro a la emoción voy a sufrir más, me quedo sin poder experimentar una parte importante y necesaria.

EJEMPLO DE PRÁCTICA: Haz una lista de cosas no estás dispuesto a sentir o pensar y llévala en el bolsillo. Toma una actitud activa, no permitas cambiar tu camino por ese sentir, llévalo tú encima, verás como cuando dejas de huir las cosas pierden fuerza.

  1. Atención emocional

Escuchar, escuchar y escuchar. Nos podrá gustar más o menos lo que nos genere este momento presente. Pero es importante no ponernos un antifaz, porque de ese modo saldrá de otra manera y multiplicado. Tener consciencia de nuestro cuerpo y nuestra mente, ver lo que nos propone. No podemos ayudarnos si no nos damos cuenta de lo que está pasando.

EJEMPLO DE PRÁCTICA: Practica de manera diaria, un ejercicio de escáner corporal (Mindfulness). Eso te permitirá desarrollar una mayor atención a tu cuerpo de una manera aceptante y centrándote en el momento presente. Tienes audios en internet o pídele a tu terapeuta de AFDA que te de algunas pautas y ejemplos.

  1. Etiquetación emocional

En mi opinión, nos falta vocabulario y esfuerzo cuando hablamos de nuestras emociones. Solemos quedarnos con el mal/bien o como mucho nervioso, enfadado…Cuanto más descriptivos y específicos seamos mejor, no necesariamente cuando nos comunicamos con el otro, pero al menos hacia nosotros. Porque cuando digo que estoy mal, sin querer estoy poniendo en mi sentir muchos significados que tiene esa palabra para mí, pudiéndome sentir peor de lo que estaba.

EJEMPLO DE PRÁCTICA:  Comienza un diccionario de emociones, hazlo algo tuyo, no necesariamente tienen que ser palabras, puedes también dibujar tus emociones, ya que a veces es difícil poner palabras a una emoción.

  1. Aceptación emocional

Todo lo que venga está bien. Lo dejamos estar, aunque nadie quiere pasarlo mal, tomamos esta actitud porque sabemos es la que más nos va a ayudar.

EJEMPLO DE PRÁCTICA: Meditación en las emociones (si así lo necesitas, pide consejo a algún terapeuta de Afda). Busca un lugar tranquilo y un momento para ti. Trae a tu mente un momento desagradable (de una intensidad media). Trata de recordar dónde estabas, si estabas con alguien, que es lo que había pasado para que te sintieras de ese modo y que pensamientos aparecían en tu mente. Con esto seguramente conectarás con la emoción de ese momento. Es entonces cuando puedes experimentar el dejar estar. Como si fueras un científico, averigua en que partes de cuerpo lo sientes, como ha reaccionado tu cuerpo, y observa cómo va cambiando sin que tu hagas nada. Lo peor que puede pasar es lo que ya estará pasando, que durante unos minutos tengas una emoción desagradable, que por otro lado seguro que conoces bien. Pero ahora estarás con otra actitud quizá hasta os podéis hacer amigas.

  1. Análisis emocional

Preguntarse qué ha podido ocasionar esta emoción.  Algún pensamiento que ha cruzado mi mente, alguna sensación física, algún evento externo…le dedicamos un tiempo pero sabiendo que no siempre tendremos una respuesta clara o si quiera una respuesta. A veces me siento   ansioso y no hay ningún porque aparente, no tengo que obsesionarme con el porqué, no es siempre imprescindible para una buena gestión emocional.

EJEMPLO DE PRÁCTICA: Compra un cuaderno y guarda un momento al día/semana para escribir sobre esto. Así durante el día podrás estar centrado en tu presente y no alimentarás en demasía la rumiación.

  1. Regulación emocional

Por último nos damos lo que necesitamos adaptándolo a nuestros valores. Si estoy enfadado ¿qué me puede regular?, hablarlo, salir a correr…La cuestión no es eliminar la emoción sino sacarla de alguna manera que no nos perjudique ni nos separe de nuestro objetivo vital.

EJEMPLO DE PRÁCTICA: Con la actitud que hemos estado hablando experimenta diferentes acciones y averigua cual es la que a tí te regula y está basada en la manera que quieres vivir. Si está basada en estos dos principios será buena para ti (salir a andar, hablar, correr, quedarte solo, hacer, no hacer…). No importa tanto el que hagas sino la función que cumple de expresar una emoción de manera ajustada a como tú quieres mostrarte en el mundo.

Nunca se para de crecer, de aprender, trata de tomar una perspectiva de crecimiento cuando te encuentres con una dificultad o malestar

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