La supresión de pensamientos y emociones es contraproducente. Mindfulness como estrategia efectiva

Muchas veces parece que nuestras mentes no juegan en el mismo equipo que nosotros. Quiero irme a dormir pero me mantiene despierta con pensamientos recurrentes sobre algo que me ha sucedido durante el día, quiero olvidar la letra de una estúpida canción y no para de volverme una y otra vez.

La respuesta clásica a esta batalla interna suele ser tratar de olvidarlo y empujar esos pensamientos o emociones molestas fuera de nosotros. Desafortunadamente, en contra de lo que la intuición parece decirnos, la investigación ha demostrado en los últimos 20 años que esta estrategia no sólo es incorrecta, sino que además potencialmente puede empeorar la situación.

EL EFECTO REBOTE

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En un estudio pionero, Daniel Wegner investigó los efectos de la supresión del pensamientos (Wegner et al., 1987). Se solicitó a los participantes que intentaran no pensar en un oso blanco durante 5 minutos y luego los próximos cinco minutos que pensaran sobre un oso blanco.  A lo largo del experimento, los participantes verbalizaban cualquier pensamiento que tuvieran y cada vez que les venía el pensamiento de un oso blanco, debían tocar una campana.

Los participantes que trataron de suprimir los pensamientos tocaron la campana dos veces más que los participantes en el grupo de control.

Este efecto ha sido replicado con posterioridad en otras investigaciones utilizando diferentes métodos (Wenzlaff & Wegner, 2000). Los mismos resultados se producen incluso cuando las personas no son instruidas directamente para suprimir ciertos pensamientos sino que se las dirige a realizar este tipo de supresión de forma indirecta a través de técnicas sutiles de manipulación.

Por lo tanto, este “efecto rebote” derivado del intento de supresión de pensamientos parece algo probado y sus efectos son de gran intensidad.

Supresión de emociones

Desde el descubrimiento del efecto rebote, los investigadores han analizado las situaciones en las que ocurre, especialmente cómo esta supresión interactúa con las emociones. Lo que se demuestra es que los pensamientos con más carga emocional son especialmente más vulnerables para este efecto rebote. En un estudio, se pidió a los participantes que escribieran sobre un suceso diario de tipo emocional y de tipo no emocional. Fueron los sucesos de tipo emocional los que resultaron más difíciles de suprimir (Petrie et al., 1998).

Trinder and Salkovskis (1994) pidieron a un grupo de personas que evaluaran los pensamientos intrusivos durante 4 días. Comparados con un grupo de control, los participantes que intentaron suprimir los pensamientos se sintieron más incómodos y además experimentaron más veces los pensamientos intrusivos que intentaban suprimir

Mentes desobedientes

Por lo tanto, qué es lo que hace que nuestras mentes sean desobedientes? Por qué cuando queremos precisamente quitar un pensamiento de nuestra mente, vuelve con más fuerza?  El profesor Daniel Wegner proporciona una explicación argumentando que el efecto rebote no es algo aleatorio sino parte integrante del propio proceso de supresión. f (Wegner, 1994).

De acuerdo con esta teoría, esto es lo que pasa cuando quiero parar un pensamiento recurrente: primero, intento distraerme tratando de pensar en algo distinto. En segundo lugar, y aquí viene la ironía, mi mente empieza un proceso de tipo inconsciente a monitorizar y comprobar si todavía sigo pensando en el objeto en el que se supone que no quiero pensar, es decir, para comprobar si el proceso de supresión está funcionando correctamente.

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Así que se produce un choque entre la parte consciente que trata de no pensar en algo y la parte inconsciente que quiere comprobarlo y para ello trae de nuevo esa objeto para comprobarlo y así se crea un ciclo constante de realimentación.

La ironía, por lo tanto, de este proceso de supresión es que, intentar gestionar nuestras mentes de esta manera puede ser más perjudicial que beneficioso. Cuanto más tratamos de suprimir o eliminar los pensamientos, estos vuelven más veces y con más fuerza.

MINDFULNESS, UNA ESTRATEGIA EFECTIVA

El mindfulness constituye una estrategia más efectiva para la gestión de este tipo de pensamientos ya que, en la medida en la que se va entrenando la habilidad de estar presente, con una aceptación total y no juicio de los pensamientos que van apareciendo, se produce un efecto de desensibilización frente a esos pensamientos que, en la medida en que dejan de ser amenazantes, sino meras presencias que puedo observar sin darles importancia, van perdiendo su fuerza y, por lo tanto, el interés de ejercer sobre ellos esa monitorización que es la que, como hemos visto, produce una y otra vez el efecto rebote.

Fuente: http://www.aprendemindfulness.com

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